06/12/2018
Mi viejo me hizo de River desde chico, y desde entonces lo sigo. Supe verlo con la familia, con mi tío que ya no está, pero sé que desde dónde se encuentre lo alienta todavía. Supe festejar y abrazar a amigos o desconocidos, llorar de alegría, y de la emoción de ganar un partido o salir campeón.
También supe perder, y felicitar a los demás. Ya no me enojo, y no dejo de cenar con mi familia porque se ha perdido o empatado. Pero cuando gana soy el hincha más feliz del mundo. Llevo el escudo en mi piel, soy fanático, pero no ese estúpido que hace daño.
A veces se carga a veces se recibe cargadas, ese es el folclore que aún no perdimos, pero estamos en proceso.
Luego vino este partido, el más deseado por millones, por aquellos que adoran el fútbol, aquél hincha genuino que hace más que un sacrificio por verlo jugar o que junta plata durante semanas o meses para comprar esa camiseta y poder lucirla con el orgullo que se siente, con la pasión y el amor que sólo nosotros entendemos.
Esperė esa fiesta como nunca, en el Monumental con nuestra gente, y me veía ahí, cantando y saltando. La ilusión seguía ahí, más intacta que nunca.
Finalmente ganaron unos pocos, y muchos perdimos. Mientras haya alguien que aniquile nuestro sueño e ilusión, habremos perdido. Como tantas otras veces.
Por esto felicito al futuro campeón, que será el mejor sin duda, de una copa manchada por la ignorancia que representan todos los que son parte de este gran negocio. Aplaudo, a aquellos que piensan que manejan el fútbol a su antojo, y los felicito aún más. Porque mientras ellos cuentas millones, nosotros al fin abrimos los ojos.
No podrán destruir aquello que tanto amamos. Y que la pasión que llevamos sea lo que nos mantenga unidos.
Voy a festejar cuando el fútbol vuelva a ser nuestro fútbol.
Yo Argentino, loco pero cuerdo.