27/12/2025
Mientras Racing se acercaba al cielo, el país se internaba en el más cruento de los infiernos. Mientras miles de hinchas académicos hacían 15 cuadras de cola para conseguir una popular o una platea para ver a Racing frente a Vélez, otros tantos miles de argentinos comenzaban los saqueos en distintos puntos del país. Ante el caos desatado, el impresentable De la Rúa decretaba el estado de sitio. A la noche estallaba el cacerolazo generalizado, la gente en las calles y la represión policial. Al día siguiente continuaron las marchas y las balas, la anarquía crecía, con la muerte como protagonista. Era el desastre total. Colapso económico, político y social. En horas de la tarde, De la Rúa renunciaba. Ante tamaño panorama, la AFA suspendía la última fecha del Apertura, prevista para el domingo 23 de diciembre. Tras una reunión en Casa Rosada entre Marín, Grondona, el presidente provisional Ramón Puerta y el Jefe de la Policía Federal, decidieron que Vélez - Racing y River - Central jugaran el jueves 27 de diciembre de 2001 para definir quién era el campeón del torneo. El más creativo y rebuscado escritor jamás hubiera podido imaginar una historia más intrincada para un cuento de Racing, o para un cuento en general.
El día de la definición estaba pesado. Caluroso, húmedo, por momentos nublado, por momentos con sol. El pronóstico anunciaba probabilidad de lluvias, por momentos intensas. Lluvia que cae, sol que sale, lluvia que vuelve a caer. El cielo mayormente era gris plomizo, pero una multitud racinguista teñía la tarde de celeste y blanco colmando el estadio José Amalfitani. Otra multitud del mismo color llenaba el Cilindro, para ver el partido más importante de sus vidas por pantalla gigante. La sensación era que era el día, que no iba a haber sorpresas, que todo iba a salir bien. Pero de la sensación al hecho hay 90 minutos y en fútbol todo puede pasar. Hermanos, amigos, padres con hijos, familias enteras colmaron Liniers y Avellaneda para ver lo que alguna vez habían pensado imposible. Faltaba un partido, nada más que un partido, para que Racing volviera a ser campeón del fútbol argentino luego de 35 años, una espera eterna más allá de la Supercopa ganada en 1988, 21 años después de la Copa Intercontinental contra el Celtic.
De las tantas pavadas que se dijeron sobre que el torneo estaba arreglado, una de ellas fue que Vélez había pactado el empate. Pues muy bien lo disimularon. Vélez atacó, metió, peleó y discutió durante todo el partido. Tenía muchas ganas de ganar. El partido fue parejo, con la característica de la mayoría de los partidos de Racing: mucho vértigo y mucha intensidad, poca claridad. El desequilibrio llegó al principio del segundo tiempo. Tiro libre de Bedoya desde la derecha. Loeschbor se soltó de la marca y entró solo por el segundo palo. Se elevó y metió el frentazo de pique al suelo. La pelota pasó entre las piernas de Sessa para convertirse en el 1 a 0. Racing estaba a 37 minutos del éxtasis.
Vélez se fue con todo al ataque y a puro centro complicó a Racing, que se refugiaba cerca de Campagnuolo. A Vitali no le pareció bien que, a pesar del hostigamiento velezano, el partido estuviera tan tranquilo. A Racing le alcanzaba con el empate, por lo que el 1 a 0 daba un margen importante, casi no había riesgos. Por eso, a los 32 minutos, el ex Ferro, de gran campeonato, bajó una pelota de pecho en el medio del área para dejar solo a Chirumbolo, apellido ilustre por convertir este gol y nunca más hacer nada en la historia del fútbol mundial. Uno a uno. En el Monumental semivacío, River ya goleaba a Central. Quedaban algo más de diez minutos. Y sí, Racing tenía que sufrir un poco más, no se la iba a llevar de arriba.
Para el final, Sessa no tuvo mejor idea que ir a cabecear un par de centros. ¿Qué necesidad había, Gato? Acusado de ser jugador de Lalín, el ex arquero de Racing quiso demostrar que él quería ganar. Lo único que faltaba, que a Racing se le escapara el campeonato por un gol de Sessa. Hubiera sido el recontra colmo. Nada de eso. Como dice la canción, "este es el año".
Con algunos hinchas dentro de la cancha y otros tantos en camino, Brazenas decidió terminar el partido a los 45 minutos clavados. Racing era campeón, señoras y señores. "Escucheló, escucheló, escucheló, el paso a paso se terminó, somos campeones la p**a que lo parió". Lo imposible se hizo realidad. Un campeonato que valió 48 años, los 35 previos y los 13 que pasaron hasta el campeonato de 2014. A pasar de las balas, a pesar del corralito, a pesar de la lluvia y la tormenta, el sol volvía a salir. A Mostaza y a los jugadores, gracias eternas.
El día que lo imposible se hizo realidad Mientras Racing se acercaba al cielo, el país se internaba en el más cruento de los infie...