10/08/2026
Esta anécdota la tengo en mi repisa de los trofeos otrogados por mi consciencia:
no convertir cada dato en una evaluación sobre quién soy.
El otro día le mostré algo que había hecho a una persona y me respondió sobre el error de ortografía.
Antes, probablemente ese dato hubiera activado toda una historia:
“no le gustó” “lo hice mal” “qué vergüenza” “no soy buena haciendo esto”.
El dato era uno.
Pero mi identidad podía convertirlo en otra cosa completamente distinta.
Hoy puedo simplemente decir:
“Ah, hay un error. Gracias por mostrármelo.”
Lo corrijo y sigo.
Y esto me hizo pensar que también aplica a nuestros diálogos internos.
Porque muchas veces aparece un pensamiento y automáticamente lo tratamos como una verdad:
“Soy un desastre.” “No puedo y ya no voy a poder más.” “Siempre hago todo mal.” “Seguro piensan que…”
Pero un pensamiento también puede ser simplemente información.
No todo lo que aparece en nuestra mente necesita convertirse en una conclusión sobre quiénes somos ahora mismo.
Podemos observarlo. Preguntarnos de dónde viene. Revisar si nos sirve. Y elegir qué hacer con eso.
Un dato no es una sentencia.
Un pensamiento no es necesariamente una verdad.
Y ninguno de los dos tiene por qué definir nuestra identidad.
Esto también se aprende.
Y se practica...
Hasta que, poco a poco, aquello que antes disparaba una historia completa que nos nublaba la vista, puede convertirse simplemente en eso:
un dato que puedo usar a mi favor.
En esta comunidad compartimos anécdotas que inspiran en la gestión del proceso del cambio interno...
Nos vemos por acá?
Bienvenid@ te leoo!!!!